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Pablo Garcés Posts

Nostalgia

Las primeras semanas fueron extrañas; perdimos el humor, lo cual es terrible, así que nos concentramos en disfrutar de las niñas en esa tarea heroica que supone cazar el tiempo para hacerlo volver. Las tengo ahora en la cuna mientras juegan curiosas con el chupete y de vez en cuando gritan alborozadas. No ha habido un solo día de su vida en que no se hayan despertado sonriendo, y a esa tabla nos agarraremos siempre, también en los peores momentos. Si me acerco mucho me arañan la cara con expectación, como esperando que bajo mi piel aparezca un juguete. Probablemente, de insistir, algún día lo consigan.

Muchas noches me asomo cuando duermen y estoy tanto tiempo mirándolas que las siento crecer; veo cómo cambian lentamente sus rasgos, y me parece escuchar a lo lejos el crujido lento de sus huesos estirándose. El primer día que las tuve en casa junto a mí las abracé contra el pecho y me vi reflejado en el cristal del salón como Vito Corleone arrullando a su hijo en una cocina enana de Little Italy. Con el tiempo han de saber de estos meses en los que su madre y yo no las dejamos nunca solas y las protegimos del mundo, y será ese tiempo en el que sepamos los dos, Carmen y yo, que siempre será así y nunca cambiará nada. Que no habrá ningún dolor suyo que no sea nuestro, y que por cualquier lágrima que suelten soltaremos nosotros cien, y ésa será la fuerza que tengamos. Recordaremos los primeros días y los primeros años con la agitación de las cosas primeras, y las noches en vela en el hospital al pie de la cuna con un rifle en la mano, dispuestos a todo para que el bebé saliese de allí fuerte, casi por su propio pie. Será entonces cuando comprendamos todo lo que hemos perdido y lo que seguiremos perdiendo, pues todo parto (yo parto, tú partes, él parte) es una despedida: la del hijo que nace marchándose ya de un sitio para seguir marchándose de todos los demás. La nostalgia de lo que pudo ser y efectivamente fue.

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Abecé

Soy de esas personas
que piensan “A”,
dicen “B”
y hacen “C”.
De los que piensan amarte,
de los que te hacen caso
y de los que dicen bésame.
De los que piensan en alto
lo que dicen en bajo
y te quieren hacer:
cartas, caricias, cosquillas,
la cama, el café.

Soy de los que piensan antes,
dicen bastante
y hacen callar o caer.

Soy de esas personas
que piensan en el ahora,
pero que estarían dispuestos
a hacer cola
por si decides decirme: búscame.

David Martínez Álvarez

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