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Mes: Mayo 2017

Todo pasa y todo queda

lola

Hace 72 horas llegué casa y ya no estabas. Habías salido volando, dejando tu cuerpo aquí. Tu manera de irte fue como la manera en la que viviste, sin querer hacer ruido, sin querer molestar.

Todo pasa y todo queda, y te fuiste sin avisar. Ahora descansas en el jardín en el que todavía te estoy viendo cuando apenas sabías andar, el día que llegaste. Siento de verdad, de corazón, que hayas tenido que vivir estos dos años con alguien que no era yo, con alguien que podía pasarse más de un día sin salir de la habitación, y que cuando te ponía comida o agua sabías que no estaba para jugar. Aún así, nunca perdiste la esperanza, y sentada, dando la patita, cariñosa, te acercabas por si aquel día era el día.

Es absurdo pensar que fuiste un ángel que apareciste para que no me volviera loco. Durante tantas, tantas noches de caer del cielo al infierno fuiste un paracaídas que siempre te estaré agradecido. Dicen que hay que irse cuando aún te pueden echar de menos, pero te lo has tomado muy al pie de la letra, y aunque quizás me veías algo mejor últimamente, no hacía falta que dieras por terminada la operación rescate.

Todavía te veo en casa corriendo con la escoba, saltando al maletero del coche después de un paseo, mirando los coches y el paisaje muy atenta, o dormida en el sofá el día que te operaron. Sólo ese día, porque no te gustaba molestar y sabías las reglas no escritas de la casa, y sabías que te dejaba saltártelas, porque tu eras tu, y cómo te iba a decir que no. Inteligente, cariñosa, dormías en el dormitorio hasta que te hiciste mayor y querías proteger la casa durmiendo fuera. Siempre ahí, siempre dejándote la vida por mi, siempre esperando lo mejor de mi aunque supieras que no pudiera dártelo. Y te vas y aquí me dejas, con las luces apagadas, todas esas luces que no me queda otra que encender para que me veas, allá donde estés.

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